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APUNTES SOBRE CINE, por RICARDO BECHER

Para la Factoría es un lujo transmitir las enseñanzas de Ricardo Becher. Director, guionista, músico y novelista, siempre al acecho de nuevas formas de hacer cine, ha impulsado e inspirado con sus enseñanzas a miles de nuevos realizadores. Profesor titular de la Cátedra de Dirección de la Universidad del Cine de Buenos Aires y de la Fundación TEBA, es uno de los mejores maestros de cine que ha dado la Argentina.
Cada mes tendremos un nuevo capítulo, especialmente presentado por al autor para los alumnos y amigos de la Factoría del Guión.

} Primer capítulo: "SOBRE LA DIRECCIÓN"
} Segundo capítulo: "LECTURA Y ANALISIS DEL GUIÓN"
} Tercer capítulo: "LA MIRADA DE LA CÁMARA"
} Cuarto capítulo: "LA MIRADA DE LA CÁMARA. Parte II"


Primer capítulo:

"SOBRE LA DIRECCIÓN"
, destinado no sólo a realizadores, sino también a guionistas y demás profesionales del medio. Por Ricardo Becher.

UNA INTRODUCCIÓN A LA DIRECCIÓN DE CINE


Para los guionistas que aspiran a iniciarse en la carrera de
Dirección de Cine, o los aficionados y cinéfilos que quieran
profundizar sus conocimientos del lenguaje
y los códigos de la imagen fílmica.

EL DIRECTOR
La nave y el capitán


Planificar, realizar y terminar un film, desde el nacimiento de la idea hasta su proyección en la pantalla, no sólo supone una cuantiosa inversión sino también el esfuerzo intenso y prolongado de un grupo humano numeroso y heterogéneo. La preproducción, rodaje y postproducción del film demandan la participación de los más diversos procesos, técnicas y talentos. Actores, electricistas, extras, productores, cameramen, directores de arte y de fotografía o editores comparten la nada apacible travesía, urgidos por los tiempos de producción -cada día que pasa, cada hora extra es una fortuna- y por la exigencia, propia y ajena, en cuanto a la calidad que deberá exhibir el producto. El juicio de la crítica será tan implacable como el de la taquilla y todos empeñarán al máximo su talento y energía para alcanzar el éxito soñado. El de una obra que es de todos y de cada uno.
Un equipo de filmación es una multitud de voluntades, esfuerzos e ideas diferentes, y hasta contradictorias a veces, que deben conjugarse armónicamente y precisa para eso una mano que las guíe y una mente que coordine sus energías. Todas sus acciones, sus técnicas y lenguajes deberán confluir en un único resultado: la materialización del proyecto, el film terminado, listo para ser llevado a la pantalla. Quien ha de conducirlos a ese resultado es el director. Que al final del camino se encuentren con el éxito o el fracaso será su mayor responsabilidad.
Para poder ser el alma del equipo, el guía que logre armonizar las individualidades e integrarlas al conjunto, o la mente de un proyecto que ha de mantenerse fiel a la idea original a pesar de incontables obstáculos y dificultades, el director deberá sentirse, antes que nada, seguro de sí mismo, de su técnica, de su dominio de la forma y el lenguaje cinematográfico. Deberá mostrarse firme en sus órdenes y exigencias y abierto a la vez al cambio de ideas, al talento y la iniciativa puestos al servicio del proyecto por el equipo técnico y los actores. Javier Martínez solía decir: "Un director de cine es como el capitán de un transatlántico. Es responsable por la tripulación y el pasaje y por la fortuna que cuesta el barco". Si acepta y asume ese cúmulo de responsabilidades el director se habrá ganado la confianza de la producción y el respeto de sus colaboradores. Un director inseguro, que no domine el mecanismo del rodaje, que vacile al poner la cámara, elegir el lente o decidir por qué plano va a empezar perderá inmediatamente el respeto del equipo, que ya no lo asistirá con la dedicación incondicional que se gana el director que entra al estudio y ordena sin la menor vacilación: «¡Cámara acá!» ¡Frase mágica! A partir de allí no habrá esfuerzo ni sacrificio que no estén dispuestos a hacer por él. Porque sabe lo que quiere y cómo conseguirlo.

COCTEAU: Supongo que es la necesidad de parecer seguro de sí mismo la que
confiere a la larga a los directores tanta seguridad.


La ironía de Cocteau no deja de aproximarse a la verdad. Creo no equivocarme si digo que la cualidad que más aprecia el equipo en un director es la seguridad. No debe ser muy diferente lo que pasa entre la tripulación y el capitán del transatlántico o entre el director y su orquesta. Seguridad - conocimiento - autoridad. Capacidad de elección y decisión, de conducción, de autoría. Que no es lo mismo que autoritarismo. Hago esta aclaración porque la palabra autoridad suele poner los pelos de punta a los estudiantes y porque a mí tampoco me resultan simpáticos los directores autoritarios ni creo que logren grandes resultados con esa actitud.
El director debe tener una sólida formación técnica. No sólo para ganarse el respeto de sus colaboradores sino para poder mantener con cada uno de ellos un diálogo fluido en el mismo idioma. ¿Cómo puede un director de orquesta hacerle una indicación a un músico si no conoce la técnica del instrumento tanto, o casi tanto, como el músico mismo? (Son bien conocidas las pruebas a que son sometidos los directores debutantes por parte de los músicos de la orquesta). Pero el director de orquesta es un músico que habla con otros músicos, en su mismo idioma, el lenguaje musical. Un director de cine, en cambio, se relaciona con áreas tan distintas de la creación artística como pueden ser la actuación, el diseño de escenografía y vestuario, la dirección de fotografía y cámara, la música o el montaje, técnicas y lenguajes todos que debe, si no dominar, al menos comprender para poder comunicarse con su equipo. Técnicos y actores esperan de un director que no pida lo imposible y que sea capaz de aportar soluciones si lo que pide parece difícil de resolver. Evidentemente no es necesario dominar la sensitometría de la película como el director de fotografía, por ejemplo, que será quien supervise los procesos de laboratorio, ni operar la isla de edición como el editor y sus ayudantes. Tampoco es preciso que el director esté en condiciones de escribir una partitura para coros y orquesta pero al menos debe poder hablar con el músico acerca de instrumentos, timbres, ritmos, climas y estilos musicales. De otro modo no podría nunca hacerle saber qué clase de banda musical espera para su película. Y aunque no tenga la más remota idea de la ingeniería óptica que rige la construcción de un teleobjetivo o un gran angular, no puede ignorar qué cambios cualitativos han de producirse en la imagen si elige uno u otro lente, como no puede dejar de considerar la influencia que tendrán en el carácter de la escena la elección del ángulo de cámara, el estilo de la iluminación, o los colores del vestuario.
En resumen, la función del director no consiste sólo en organizar y coordinar las actividades de un vasto equipo de artistas y técnicos. Mucho más que eso, el director tiene en sus manos el manejo creativo, artístico del cúmulo de técnicas y lenguajes que confluyen en el lenguaje del cine. Sea o no el autor del guión -el famoso director-autor, máxima aspiración del estudiante pero rara avis en la industria- el director comenzará por traducir dicho guión al encuadre, o guión técnico -éste sí de su autoría- donde estarán especificados, además de las acciones y diálogos, los escenarios, las divisiones de escenas y planos, las posiciones y movimientos de cámara y otros detalles técnicos, como también notas personales referidas al clima de luz, la dirección de los actores, el plan de filmación o cualquier otra clave relativa a su concepto de la escena y la forma de llevarla a la pantalla.
Resulta más que evidente que el mismo guión en manos de dos directores diferentes dará por resultado dos "partituras", dos encuadres y, por ende, dos films diferentes. De modo que ya aquí el director ha entrado de lleno en el terreno autoral. Después, durante la realización del film, enfrentará otras instancias de resolución en las que intervendrán también sus colaboradores y actores y cada una de estas etapas será a su vez una nueva oportunidad de recreación colectiva de la obra, guiada por la mano del director.
Dirigir: encaminar, enderezar hacia cierto punto. El director ha de ser capaz de conducir -en otros idiomas se llama conductor al director de orquesta- de encaminar la realización colectiva de una idea hasta llegar al resultado deseado. Aquí me gustaría aclarar, internándome un poco en el terreno del proceso creativo: el resultado deseado o el que más se le aproxime, o el más inesperado, ya que la idea y la obra nunca son la misma cosa.

La resistencia de la materia.

La idea, si está viva, evoluciona durante todo el proceso de elaboración de la obra en un mutuo y continuo intercambio de energía creativa. Aferrarse en exceso a la idea original puede significar no dejarla respirar y desarrollarse. Una actitud más abierta en cuanto al resultado final es a menudo enriquecedora y aunque la obra no termine siendo la que soñábamos puede superar finalmente nuestras expectativas. ¿Por qué no permitir que sea así? Si vamos acompañando la evolución de la idea, alimentándola, dejándonos llevar por ella a la vez que la orientamos, no habrá frustración sino un estado permanente de descubrimiento y creación, creación y descubrimiento.
La resistencia de la materia -la piedra o la madera que se oponen al cincel del escultor- se potencia en cine casi al infinito. Son tantas las cosas que se nos resisten -la letra del guión, la arquitectura de los espacios, la personalidad e ideas propias de técnicos y actores, el material fílmico y el proceso de laboratorio, las limitaciones y exigencias de la producción, que seria más que iluso quien esperara un resultado final coincidente con la imagen mental que puso todo el proceso en marcha. Pero atención. Esto no debe confundirse con improvisación, incoherencia o cualquiercosismo. Hay por cierto una guía trazada, un camino que lleva de la idea a la obra pero, como dijera el poeta y más tarde el cantor, ese camino se hace al andar.
Durante el proceso de materialización de la idea, pongamos por caso la actuación de una escena, nos encontramos con obstáculos y problemas -la resistencia de la materia- que debemos solucionar. Pero cada solución es, en sí misma, una nueva idea que dará lugar a nuevas instancias de materialización, nuevos problemas, que a su vez... El motor del proceso creativo está en marcha. Naturalmente el peligro está en perderse en ramificaciones que se aproximan a lo infinito. La coherencia del director -el conductor- consiste en mantener el timón en una dirección cierta. Saber hacia dónde se dirige aunque no pueda ver nunca de antemano y con exactitud a dónde va a llegar. Esta incertidumbre no tiene por qué ser motivo de angustia sino más bien estímulo e incentivo. ¿Acaso cuando sacamos una foto no estamos ansiosos por verla revelada? ¿Por qué, si vimos por el visor de la cámara y sabíamos perfectamente lo que estábamos fotografiando? En el resultado, lo dice la experiencia, hay siempre un margen de sorpresa y descubrimiento -aún para quien domina la técnica. Si esto es así en el caso de la fotografía cómo no ha de serlo en el campo de un proceso tanto más complejo, que incluye tantas variables más en su concepción y realización como es el cine.
Me pasa lo mismo al escribir. Parto de una idea que creo completa y cerrada en sí misma pero, a medida que escribo, se abre, me muestra nuevos aspectos y facetas, la veo con más claridad, se va desarrollando en mí y ante mí, dando lugar a este texto que no conocía, del que, para decir verdad, no tenía la más mínima idea -en cuanto texto- antes de empezar y que ahora está ahí delante, en la pantalla, como una imagen en el monitor de la isla de edición, o como mi propia imagen en el espejo, que refleja mi existencia material pero no mi ser mental-espiritual, mi idea de mí mismo. Ahora que el texto ya está impreso, en estas hojas que tengo en mis manos, puedo saber si me satisface, si expresa lo que quería transmitir, si necesita correcciones o retoques. Recién ahora estoy en condiciones de editarlo. ¿Responde a la idea que tenía al ponerme a escribir? Sin duda. Pero al mismo tiempo es otra cosa y eso también es indudable.
Parecería que idea y obra no pueden ser lo mismo simplemente porque pertenecen a mundos distintos. La obra se manifiesta en el campo de la materia y los sentidos. La puedo ver, tocar, oír, imitar, copiar, conservar, repetir, destruir, comprar o vender. La idea, en cambio, habita el universo menos tangible del espíritu y la mente. Para comunicarse deberá penetrar la materia y encarnarse en ella. No es cuestión entonces de sufrir por la resistencia de la materia sino más bien aceptarla como un hecho natural que enriquece y dinamiza el proceso creativo. La escultura será tanto obra del artista como de la piedra o la madera que han desviado su cincel.

Idea, obra y realidad.


El proceso creativo ha terminado. El film: que alguna vez estuvo en la cabeza del productor: del guionista, del director de arte, del de fotografía, de los actores, del editor, de todos los que lo hicieron guiados por el director y colaborando con él, ese film que vemos en la pantalla, ha dejado de ser una idea y ahora, como obra terminada, se integra a una realidad en la que antes no estaba presente. Parecería que la realidad es siempre incompleta, "faltante", y permanentemente le agregamos cosas, acciones, objetos, obras, de mayor o menor valor, que la modifican en un ciclo sin fin. ¿No será la realidad misma la que pide y provoca la obra? Realidad-> yo-> ideA ->obra. Pero la obra, ya lo hemos visto, pasa a ser parte de la realidad, la serpiente se muerde la cola. Mientras haya artistas el ciclo será infinito.
No han de resultar vanas para el estudiante estas especulaciones. La acción se completa con la reflexión y no estaría mal acostumbrarse a la idea de que además de aprender a hacer; es necesario aprender a ver, a sentir y a pensar. Hacer cine es mucho más que inventar o recrear una historia y contarla en imágenes. Es darle vida a una obra que se va a incorporar no sólo al mundo exterior de su autor sino al mundo interno de cada uno de los miles de espectadores -seamos optimistas- que van a verla.
Todo lo dicho hasta ahora sobre el director admite sin embargo otros enfoques, otros puntos de vista, menos rigurosos tal vez, menos académicos, hasta opuestos, en apariencia, como pueden parecer opuestas las dos caras de una moneda.

Unas palabras sobre la co-dirección
(del libro El espíritu de un film, de este autor)

Nunca antes de trabajar en equipo con Tomás Larrinaga en El Gauchito Gil, la sangre inocente creí posible la co-dirección, tal vez porque seguía dominando mi espíritu la idea del director omnipotente, el autor único, el que concibe la obra y lleva a toda su tripulación a una meta que es suya y sólo suya y sin su dirección la nave nunca llegaría a destino, el que planifica con rigurosa precisión cada ángulo de cámara y cada movimiento del actor, el que indicará con su autoridad infalible al editor cada corte y cada efecto -“el único responsable de todas aquellas páginas escritas, de los actores, de las localizaciones, de los bocetos de los decoradores y hasta del diálogo más brillante, el único responsable es el director en solitario, quien en última instancia también determina todo el proceso creador” afirma categórico Andrei Tarkovski en su libro “Esculpir en el Tiempo”, biblia de muchos estudiantes de cine- en fin, esa especie de demiurgo todopoderoso en que la tradición, la teoría, los mitos de la crítica y de la cinefilia lo han convertido y que no siempre se corresponde con la verdad de un trabajo en el que es acosado permanentemente por la duda, donde a cada paso se ve obligado a elegir, a tomar una decisión y sin el respaldo de sus actores y el de los técnicos estaría perdido como lo estarían ellos sin su guía que no es otra cosa que un conocimiento inconciente, subterráneo, premonitorio, del film que pretende realizar y su capacidad de comunicarlo a los que por último lo llevarán a cabo; ese es el verdadero trabajo en equipo del cine y por eso la película terminada nunca es la misma que el director traía en la mente antes de empezar, actores y técnicos se han apropiado de ella, la han transformado y se la han devuelto para que él pueda proclamar que es su obra y más allá de su nombre y el de los actores nadie recuerde ni sepa quiénes fueron el director de arte, el de fotografía o el editor, pero aún así aceptar la responsabilidad compartida de una co-dirección no es tan simple si se piensa que entre los dos directores surgirán casi inevitablemente las diferencias propias de cada personalidad y no siempre será fácil ponerse de acuerdo, se hace necesaria una gran afinidad para concebir una estética común y un lenguaje compartido, un modelo de rodaje, de puesta y de montaje que conforme a los dos. Cuando le ofrecí la co-dirección a Larrinaga ya había aceptado el modelo que él proponía en sus cortos y los contactos telepáticos que nos regocijaban y divertían trabajando en el guión o en pleno rodaje y en la edición dieron lugar a una fuerte amistad-hermandad -never seen before never ever nobody could even imagine the movie we are doing TOGETHER... except us of course, you know what I mean... it’s TELEPATHY- me escribe Larrinaga en un mail apenas empezado el rodaje cuando ya hemos visto en los monitores las imágenes de las primeras escenas que nos entusiasman a todos y probablemente él se sienta respaldado por mi experiencia y yo por su seguridad, su desprendimiento de leyes y códigos perimidos «no filmo seguro, filmo con fe» dirá durante la charla que lo invito a dar en la universidad ante los alumnos de dirección II sobre sus cortos y su modelo estético y de puesta «vos ponés lo denso, lo dramático, lo pasional, lo trágico- me dice Gus Sidlin -Tommy le pone las alas, lo hace volar...» y su fe, como su juventud o su pensamiento que tanto se aproxima al mío, a una postura que va más allá de la ética y la concepción del cine, son contagiosos, y Larrinaga dirá también: «el fin del pensamiento no es el entendimiento absoluto sino la aceptación del no entendimiento» ¿no se aplica esta idea a la concepción del film? ¿cuál es el entendimiento que tenemos de la obra antes de sumergirnos en ella? Nicholas Ray dice algo así en “Nick’s Movie” de Wenders: “la película se iba haciendo a sí misma durante la marcha, a la noche, después del rodaje, nos juntábamos para escribir el guión de lo que rodaríamos el día siguiente; cuando llegamos al final comprendimos que teníamos que rehacer el comienzo...”
Cualquiera sea la postura del director, planificador y conductor riguroso, o abierto tanto a la intuición como a la participación creativa de actores y técnicos, la filmación es siempre una selva de obstáculos, decepciones, sorpresas y descubrimientos. Conviene atravesarla con espíritu crítico y en estado de creatividad permanente.

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