CINERATURA
viernes, marzo 09, 2007
ENTREVISTA
A PEDRO LOEB

TEXTO: MAR GÓMEZ
FOTO: SARAH BIENZOBAS
Pedro Loeb es guionista, realizador, profesor y director de
la escuela madrileña LA FACTORÍA DEL GUIÓN.
Mitad alemán, mitad argentino, reside en España desde
el año 2001. Graduado en económicas y en psicología,
optó finalmente por la Escuela de Arte Dramático de
Buenos Aires acumulando seminarios de guión, dirección,
actuación, clases de música y de canto, y acompañado
por renombres como Andrej Kieslowski o Margaritte von Trotta. Con
una fecunda trayectoria en Argentina en cine, televisión
y teatro, emprende su viaje a Europa y tras dar clases en algunas
instituciones, decide en 2004 montar su propia escuela en Madrid.
Desde entonces, la fama y los logros le vienen lo mismo de su actividad
profesional -la película FELICIDADES en la que participó
como guionista del desaparecido Lucho Bender, fue seleccionada para
el Oscar 2001 a la mejor película extranjera por Argentina-
como de su carisma en el aula y de su personal impronta en cada
guionista o actor. Su último guión, MADRIZ MADRIZ,
ha obtenido dos premios y está impaciente por comenzar a
dirigir. Nos recibe entre “llamados” de su celular,
buenas nuevas de agradecidos alumnos y cierta timidez disfrazada
de cortesía.
Me cuentas que en breve viajas a Cuba para dar unos cursos,
pero supongo que el viaje es derivado del Primer Premio del Festival
Internacional de Cine Pobre que se le otorgó a MADRIZ, MADRIZ.
Eso de “cine pobre” suena ya un poco desalentador ¿no?
Bueno, en realidad viajo a Cuba para dar un seminario de guión
en la escuela de San Antonio de los Baños a alumnos ya avanzados,
me llevará algo más de un par de semanas, entonces
aunque les visite no tiene nada que ver con el festival. El Festival
de Cine Pobre está dirigido por Humberto Solás, director
reconocido cubano, está organizado anualmente para alentar
producciones y el premio es precisamente la postproducción
y la participación en el Festival de Cine de Huelva. Se trata
de un jurado de tres países, MADRIZ MADRIZ ganó el
primer premio y me alegró mucho, porque el guión hasta
fue enviado por mail por falta de tiempo, lo leyeron y les gustó.
No les conocía de nada, no me conocían de nada, por
lo que tengo mucha fe en el proyecto y estoy deseoso de ponerme
a dirigir. Se trata de un largometraje que refleja mi mirada de
extranjero y un poco de español a la vez, porque son casi
seis años aquí, un cruce de historias de identidad
y de amor que transcurre en un gimnasio o centro de ocio, que existe
en verdad y que es curiosísimo, porque conviven razas, religiones,
edades; hay desde un tipo cuidando su musculatura a uno que baila
flamenco, desde una clase de yoga a otra de danza del vientre, espectáculos,
ensayos… y el único común denominador es que
todos tienen una razón para despertarse al día siguiente
con ganas, que no es poco dado el vacío existencial.
Da la impresión de que si alguien quiere dedicarse
al cine (actores, guionistas, realizadores…) y llegar a ser
algo, debe marcharse necesariamente a Hollywood o cómo mínimo
a Bollywood donde se hacen 800 películas al año, ¿crees
que podremos vencer algún día al goliat estadounidense?
No hay porque competir con Estados Unidos, hay cabida para todos.
De hecho cuando uno elige la película a ver, puede irse a
por la más taquillera, la que más publicidad tuvo
o puede ir al cine a pensarse, a repensarse. El cine da modelos,
cómo otra gente vive su vida, cómo resuelve sus conflictos
de amor… Yo siempre digo en clase, que lo que identifica el
espectador es la decisión que toma el protagonista, y uno
aprende con el cine mucho. Algunos nos formamos viendo cine.
De tu escuela están saliendo muchos actores y guionistas
jóvenes que están encontrando hueco en el cine español
y en las numerosísimas series de TV. ¿Hablamos de
subvenciones e inversiones o hablamos de talento?
Desde luego, las subvenciones, de la Factoría no salen, la
escuela se autogestiona, así que definitivamente, debe ser
el nivel el que es bueno. En realidad, se produce mucho, se escribe
mucho, se optimizan los trabajos, los guiones se leen en voz alta,
todos participan en el trabajo de todos, y quizás se crea
una mística especial. Yo procedo de un lugar en el que si
quieres dedicarte a algo artístico tienes que tener mucho
impulso. Con respecto a los profesores, es difícil encontrar
buenos, que estén dispuestos a echar muchas horas extras,
corrigiendo, reuniéndose, que sea profesional del medio y
que a la vez sienta la docencia. Pero bueno, es cierto que se están
recibiendo premios, esta semana justamente se presenta un piloto
en Calle 54 para una cadena importante, en el que tres de los cuatro
guionistas pasaron por la Factoría, y yo me entero cuando
ya está consumado, no, y me llena de orgullo.
¿El talento se puede enseñar/aprender?
No, algo mucho más importante que poseer talento, que por
supuesto en un momento dado define, es poder sentar el culo delante
del ordenador, y no faltar a clase, y tener una actitud, y registrar
lo que pasa a tu alrededor. Como esa frase de Picasso “si
la inspiración viene que me encuentre trabajando” y
no disperso en otra cosa. Está demostrado que cuanto más
escriben, mejor escriben. Luego se introduce cierta sensibilidad,
o talento o inspiración o llámese como se quiera.
Pero incluso puede resultar a veces que creer que posees talento,
te relaje, y eso es ya un enemigo. Lo virtual no existe.
Hace poco tuve el placer de conocer personalmente a Jane
Arnold, una catedrática de la Universidad de Sevilla que
propone trabajar a fondo la dimensión afectiva en el aprendizaje.
Por lo que sé de tus clases, tú practicas un poco
también ese estilo, construyendo primero la identidad del
alumno quizás… Cuéntanos un poco de esa carismática
experiencia como docente.
Bueno, creo que uno debe ser capaz de comunicar sentimientos, emociones
e ideas, y por eso al principio, algunos ejercicios se basan en
anécdotas y experiencias autobiográficas para evitar
el miedo a la página en blanco. Así uno no está
pensando en escribir una historia original, que esté a la
altura que se espera. Luego eso se incorpora al lenguaje del formato
guión, en tercera persona, en presente, sin adjetivos, y
cuando uno maneja la técnica, comienza la ficción.
Has sido contratado para adaptar EL MAÑANA PROMETIDO,
una novela inédita de Asís Arana, de la que creo que
ya tienes un primer borrador ¿crees que la polémica
de la fidelidad al texto ha llegado a su fin y que el concepto artístico
de “obra abierta” de Umberto Eco se ha impuesto también
en la literatura?
Si, posiblemente. Yo creo que el problema de las adaptaciones es
encontrar el conflicto matriz porque es lo que te va a sostener
el guión. Si lo encuentro, estoy salvado, porque no se trata
de transcribir situaciones o diálogos literales del texto.
Inevitablemente, se eliminan subtramas, se recortan personajes,
a veces se reactualiza la época…Si un escritor es demasiado
celoso de su material, bueno, pues que no ceda los derechos. En
el caso de Asís hemos trabajado juntos, la novela tenía
mucha reflexión, y hemos hecho que las cosas ocurran, y que
no se digan, que se vean.
Se ha producido en los últimos años una especie
de trasvase bidireccional de profesionales, sobre todo de actores,
entre España y Argentina ¿ves muchas más afinidades
que diferencias entre ambos cines?
Si, hay mucho cariño y mucho respeto por lo argentino en
general, jugadores de fútbol, actores… lo celebro,
porque años antes cuando viajaba a España quizá
notaba más el tema “sudaca”. También lo
que pasó en Argentina con el corralito ha provocado más
humildad y se han bajado mucho los humos. Por otro lado, en Argentina
nos encantan también los españoles, como hablan, la
cultura… Hay una atracción recíproca en la que
no tuve nada que ver pero en la que por suerte, estoy involucrado
¡fenomenal!
Aunque no se puede definir como movimiento puesto que aún
se está desarrollando, alrededor de la debacle política
y económica de diciembre de 2001 en el cine argentino se
ha dicho que hay un cambio generacional. Pero se habla del Nuevo
Cine Argentino como si pudiésemos meter todo en el mismo
saco y no creo que sea así ¿estás de acuerdo
conmigo?
Si, no creo en el Nuevo Cine Argentino. Creo que hay autores, hay
películas y hay momentos. Todo convive y yo no llamaría
a uno comercial y a otro nuevo. Hay obras austeras, que emocionan,
las hay que buscan el batacazo económico, que funcionan.
Pero no, definitivamente no hablaría de nuevo cine argentino
como tampoco hablaría de nuevo cine español.
Un cineasta chileno, Aldo Francia, afirmó que “Todo
el cine es político”¿qué opinas de esto?
Si, todo es política. Porque si uno dice “yo no me
meto en política”, igual la política se mete
con uno. Uno mira a su alrededor, encuentra pobreza o bienestar;
sales a la calle, ves las obras, intentas dar clase, hay ruido.
Uno no es una isla, uno es un comunicador, por omisión también
comunica. Piensas: no me quiero meter en nada vinculado con la política,
para mí está todo bien y voy a hacer historias felices
con happy end. Pero estar comunicando ya es una opción política.
Hay mucho por cambiar, mucho por mejorar, y el cine evalúa,
no está ajeno. El director debe ofrecer al espectador una
conclusión final, hasta una música final que despierte
una sensación.
¿Cómo quieres que se vaya tu espectador?
FELICIDADES, película terrible y hermosa al mismo tiempo,
se abre con una cita de EL PRINCIPITO, esa que habla de la posibilidad
de encontrarse sólo en un desierto de hombres, y se cierra
con un brindis de cómico “por un mundo mejor”.
¿Crees que sólo nos queda la mirada de un niño
y el humor, como únicos refugios?
No, no creo en nada definitivo de nada. Esta película para
mí es muy entrañable porque Lucho, el director, falleció,
porque recuerdo el proceso de guión como algo muy hermoso,
con sus momentos donde disentíamos pero que al final resolvíamos…
La idea en general era mostrar la historia de tres tipos, normales,
parecidos a nosotros, que puestos bajo presión se tuercen
dejando su nobleza a un lado. Fue como algo premonitorio, porque
después pasó lo del corralito, que no sólo
fue una crisis económica sino también moral en la
que la gente se torció. El “sálvese quién
pueda” llevó a un hermano cagar a otro hermano para
cuidar el kiosco, por decirlo burdamente. Fue entonces cuando pensamos
que la manera de digerir el drama era con humor, y hay momentos
en los que uno se está riendo y a la vez tiene un nudo en
la garganta…MADRIZ, MADRIZ juega también un poco con
esa ambigüedad, es lo que me gusta.